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Elecciones 2008:
¿dónde está nuestra esperanza?

“Si no podemos esperar más de lo que es efectivamente posible en cada momento y de lo que las autoridades políticas y económicas nos ofrecen, nuestra vida se ve abocada muy pronto a quedar sin esperanza.” Estas palabras de Benedicto XVI recogen nuestro sentir frente a las elecciones de noviembre. “Sin embargo  -  continúa el Papa -  es importante saber que yo puedo esperar siempre, aunque aparentemente en mi vida o en el momento histórico que estoy viviendo ya no tenga nada más que esperar.”

1.   La esperanza a la que se refiere el Papa supone un cambio en nuestra actitud. Hay que dejar de ser espectadores y volvernos protagonistas: de las elecciones, de la política, de la economía, del trabajo,…de la vida. Pero protagonista es la persona. Por lo tanto, se trata de empezar por la persona: sin un “Yo” que se mueve, no empieza ni cambia nada.

2.   Pero el “Yo” sólo se mueve por un ideal, por algo que es capaz de dar sentido a toda la vida. Sin una perspectiva ideal adecuada, que pueda sostener en todos los aspectos de la vida, nadie se mueve (como mucho, se queja). Por lo tanto, para que el “Yo” se vuelva protagonista, hace falta un ideal.

3.   Afortunadamente, a ser protagonistas se aprende y este aprendizaje es la educación. Todos necesitamos un lugar educativo: un lugar donde seamos ayudados a vivir por el ideal, donde encontremos personas que continuamente nos lo recuerdan, nos sostengan, incluso nos corrijan.

4.  Para nosotros, ese ámbito educativo es la Iglesia y el ideal al que somos educados en ella es el cristianismo. Frente a las cuestiones urgentes de la vida se ve lo que cada uno ama; así, cada vez que se nos convoca a acudir a las urnas, como cristianos estamos llamados a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. 

5. Proponer a todos la experiencia cristiana es para nosotros la forma más real de extender la esperanza en nuestros ambientes y en la sociedad en su conjunto. A la política no le pedimos la salvación (no es de ella de quien la esperamos, para nosotros y para los demás); a los políticos, en cambio, pedimos que garanticen dos cosas:

a)                 la libertad de expresión y de acción para la Iglesia, porque un poder que respeta la libertad de la Iglesia es también tolerante hacia cualquier otro grupo, asociación o comunidad intermedia. El reconocimiento del papel público de la fe y de la contribución que ésta puede dar al camino de los seres humanos es, por tanto, una garantía de libertad para todos, no solo para los cristianos.

b)                 El bien común. Existen unos derechos humanos fundamentales y evidentes que toda acción política es llamada a reconocer y a defender: la vida de toda persona humana, desde la concepción hasta su muerte natural; el valor insustituible da la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer; el derecho de cada ser humano a nacer y a ser educado en una familia; el derecho de los padres y madres a colaborar e intervenir en las instituciones educativas estatales y a fundar y sostener instituciones educativas privadas.

6.  Por estas razones nosotros damos nuestra preferencia a quién impulsa una política y una organización del Estado que favorezcan esa “libertad” y esos “derechos”. Protagonismo de los ciudadanos, unidad, libertad y bien común son favorecidos sólo por un poder que se concibe, según el principio de subsidiaridad y de solidaridad, como servicio al pueblo. El Estado es llamado a apoyar, sostener y defender aquellas experiencias y aquellas iniciativas de la sociedad civil en las que ella intenta organizarse y dar respuesta a sus necesidades. Para la realización de obras, que sean solidarias con todas las personas necesitadas en Puerto Rico, es necesario promover una alianza entre los sectores público y privado con la ayuda de un robusto sector de asociaciones sin fines de lucro.

7. En este momento histórico la principal urgencia es reconstruir una unidad verdadera en nuestro pueblo. Una experiencia de unidad que sólo puede nacer si recuperamos “la sensibilidad por la verdad”, de la que habla Benedicto XVI, antes que de cualquier pacto o estrategia. Sin amar la verdad más que nuestros intereses personales o de partido, no habrá unidad ni búsqueda sincera del bien común. Por este deseo de unidad y de construcción común es que estamos interesados en el diálogo con todas las personas y las realidades sociales, religiosas, culturales y políticas en nuestro país.

Invitamos a todos a votar en las próximas elecciones seleccionando aquellos candidatos que compartan estos criterios de juicio.

 

COMUNIÓN Y LIBERACIÓN

 Octubre 2008



"Le fe, expresión ùltima del afecto a uno mismo." Asamblea Internacional de Responsables de Cl.

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