No creo que nadie sienta, al comienzo de
nuestro gesto de los Ejercicios, una urgencia mayor que pedir,
suplicar poder estar disponibles a la conversión. Cada uno de
nosotros sabe perfectamente hasta qué punto se resiste a esta
conversión, cuántas veces nuestro corazón está endurecido, lo poco disponibles
que estamos en el fondo para dejarnos atraer por Él.
Cuanto más conscientes seamos de esto, de esta
guerra en la que estamos enzarzados y de cuál es nuestra fragilidad
y nuestra debilidad, tanto más sentiremos la urgencia de pedir al
Espíritu que sea Él el que lave lo que está sucio en nosotros, el
que riegue nuestra aridez, el que sane lo que está herido.
Os saludo a cada uno de los que estáis aquí
presentes, y a todos los amigos que están conectados con nosotros
desde distintos países, así como a todos aquellos que participarán
de los Ejercicios en diferido en las próximas semanas.
Comienzo leyendo el telegrama enviado por Su
Santidad:
«Con ocasión Ejercicios espirituales
Fraternidad de Comunión y Liberación sobre el tema “Si uno está en
Cristo, es una criatura nueva”, el Sumo Pontífice dirige a los
participantes afectuoso pensamiento y mientras desea meritorio
encuentro suscite renovado ardor misionero al servicio Evangelio,
invoca copiosa efusión dones celestes y envía a Usted y a todos los
asistentes implorada bendición apostólica.
Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de
Estado de Su Santidad».
«Por tanto, si uno está en Cristo es una
criatura nueva», porque Cristo es algo que me está sucediendo.
Tratemos de identificarnos con los discípulos después de la Pascua.
¿Qué predominaba en sus corazones, en sus ojos,
en Cor 5,17.45 Viernes por la noche la conciencia que tenían de sí
mismos, sino Su presencia viva?
Para ellos era tan evidente que no podían
arrancársela, era una Presencia que vencía cualquier duda,
cualquier sombra: se imponía. Cristo era algo que estaba sucediendo
en ellos. No era una doctrina, un elenco de cosas que hay que hacer,
un sentimiento.
Era una presencia externa, distinta, es verdad,
pero que abrazaba su vida. La resurrección de Cristo, Su presencia
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