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La experiencia de la familia Una belleza que hay que conquistar de nuevo por Julián Carrón

Auditorium de Milán, 20 de mayo de 2009

UN NUEVO INICIO

La familia se halla, en los últimos tiempos, en el centro del debate público. El intento

de regular nuevas formas de convivencia distintas a la del matrimonio concebido como relación definitiva y fecunda entre un hombre y una mujer ha desencadenado una apasionada discusión.

No es algo totalmente nuevo, sino que representa más bien el culmen de un proceso comenzado hace años.

Este debate ha puesto en evidencia, por una parte, que toda la propaganda de una mentalidad contraria a la familia mediante los medios de comunicación (cine, televisión,

prensa), a pesar de tener a su disposición medios tan potentes, no ha logrado impedir que muchas personas sigan teniendo una experiencia positiva de la familia. Ante este impresionante despliegue de fuerzas mediáticas e ideológicas, parecería inevitable que la familia hubiera dejado de interesar. En cambio, existe un hecho que nos vemos obligados a reconocer casi con sorpresa: esa impresionante maquinaria no ha mostrado ser más potente que la experiencia elemental que muchos de nosotros hemos vivido en nuestra propia familia,

la experiencia inextirpable de un bien. Un bien del que estamos agradecidos y que queremos transmitir a las futuras generaciones para compartirlo con ellas.

Por otra parte, sin embargo, constatamos que este bien experimentado no ha logrado frenar socialmente los intentos de transformar el matrimonio en otras formas distintas. A esto hay que añadir un dato no menos significativo: este proceso comenzó cuando la mayor parte de la legislación sobre el matrimonio defendía la concepción tradicional derivada del cristianismo. Toda esta legislación no ha impedido que se extendiera una mentalidad contraria al matrimonio, no ha sido capaz de detener el cambio.

¿Cómo ha podido suceder? ¿Cómo es posible que la claridad alcanzada acerca de la naturaleza del matrimonio, consolidada durante siglos, se haya puesto en tela de juicio de un modo tan general y en tan poco tiempo? Tratar de entender la situación actual me parece decisivo para poder responder a ella.

En su encíclica Spe salvi Benedicto XVI nos brinda una clave para entender lo que está sucediendo cuando afirma que «un progreso acumulativo sólo es posible en lo material. Aquí, en el conocimiento progresivo de las estructuras de la materia, y en relación con los inventos

cada día más avanzados, hay claramente una continuidad del progreso hacia un dominio cada vez mayor de la naturaleza. En cambio, en el ámbito de la conciencia ética y de la decisión moral, no existe una posibilidad similar

 

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