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Isla
del Ecanto
Los primeros pasos de la comunidad portorriqueña.
La escuela de comunidad, las fiestas y los encuentros. Una vida cargada de iniciativa y
creatividad que toma sus energías del deseo de que todos conozcan la experiencia
cristiana
Por Alfonso Moser Oye, ¿qué dirías
si te propusiera venir como profesor a la Pontificia Universidad de Puerto Rico?. La
vida en el Caribe comenzó para mí con esta llamada telefónica de Raffaello desde el
otro lado del océano a Trento, mi ciudad natal. Después de algunos meses partí, y ahora
estoy aquí para contaros la vida en la isla del encanto, donde en cualquier
esquina aparecen paisajes y playas de una belleza única. Isla del Encanto: está escrito
incluso en las matrículas de los coches.
La gente es hospitalaria y te saluda con entusiasmo diciéndote:
Mucho gusto. ¡Estoy encantado! Lo que sorprende desde los primeros encuentros
es la gran humanidad de este pueblo, cargada de gusto y alegría, que se ve florecer con
sencillez y humildad en el cambio de muchos amigos que desde hace tres años se dejan
conmover por el carisma de don Giussani.
Parada en el semáforo
En San Juan, capital de la isla e
importante centro comercial y turístico, con más de un millón de habitantes, viven
José y Lottie Irizarry, profesores universitarios. En 1997 conocieron a monseñor Lorenzo
Albacete, entonces presidente de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.
Gracias a CL - cuenta José con decisión - he aprendido el verdadero significado de
la palabra misericordia: una amistad fundada en la experiencia cristiana, que no es un
conjunto de reglas, sino un reconocimiento conmovido del amor de Cristo a mi vida.
Añade Lottie, su mujer: Lo que me asombra es la paternidad del movimiento que nos
llega a través de la amistad de hombres que se identifican con nuestra historia y la
aman. Ahora que ya somos abuelos, la mirada que tenemos hacia nuestros hijos ha cambiado
totalmente. Como si después de tantos años hubiéramos aprendido a ser verdaderamente
padres y madres. Una paternidad que vuelve a florecer en mí, no sólo hacia
mis hijos, sino hacia cualquiera que tenga delante. Un día tenía muchísima prisa pues
iba a una importante cita de trabajo. Por el camino, en un semáforo, me encontré con un
hombre que me pidió dos dólares para comer. No le hice mucho caso; mi mirada se dirigía
al semáforo. Cuando se puso verde arranqué, en un arrebato de decisión. Pasado el
semáforo, de repente me asaltó un pensamiento: ¡He dicho no a Cristo!. Hice
un adelantamiento un poco brusco y me detuve en un fast food donde compré una
bebida y dos bocadillos. Me arriesgué con una rocambolesca maniobra con el temor de no
encontrarlo. ¡Por fortuna todavía estaba allí! Bajé la ventanilla del coche y le di lo
que me había pedido. Partí, viendo en el espejo retrovisor una cara estupefacta.
¡Quién sabe lo que habrá pensado! Es sólo un ejemplo, tal vez un poco simple, con el
que intuyo que mi mirada hacia la realidad cambia por estos amigos que me enseñan que Su
presencia no está en el cielo, sino aquí y ahora, en la realidad que se me da para vivir
y veo con mis ojos.
Y cada semana José y Lottie abren su casa para el encuentro de la
escuela de comunidad de San Juan, un momento que se propone a todos. El año pasado, tras
una reunión de trabajo en la Universidad, le dijeron a Sandra, una de sus colegas:
¿Por qué no vienes con tu marido a mi casa este viernes?, ¡nos vemos con algunos
amigos!. Sandra se quedó tan asombrada por la invitación que se olvidó de
preguntar de qué se trataba, y casi sin darse cuenta respondió que sí. Lo habló con su
marido, Jorge, que le dijo con sencillez: Ya les has dicho que sí. Pues,
¡vamos!.
Tras el primer encuentro siguieron otros. Jorge, directivo de un
importante hospital de San Juan, nos cuenta: Todo lo que me ha sucedido, y todo lo
que me sucede, ahora tiene un significado. Ya no tengo miedo, ni siquiera frente a las
situaciones más difíciles de los pacientes de mi hospital, porque el movimiento me ayuda
a emitir un juicio acerca de todas las cosas. Estoy sereno porque me doy cuenta de que no
estoy solo. He reencontrado a mi mujer y con ella la vida ha cambiado porque ahora
comprendo mejor el significado del tiempo y de mi relación con ella: que todos conozcan
este acontecimiento. Añade Sandra: Ha sucedido algo bello en mi vida, no sé
cómo explicarlo, pero siento que ya no puedo prescindir de esta relación. Es una
atracción fuerte, renovada continuamente, que sólo me pide permanecer. No quiero perder
esta oportunidad para mí, para mis hijos y para cualquiera que se cruce en mi
camino.
Fiesta de fin de curso
Nos trasladamos ahora a Ponce, la ciudad donde vivo en una casa del
Grupo Adulto en el campus universitario, con Giuseppe, Raffaello y Daniel, quienes se
encuentran en Puerto Rico desde 1997 como profesores de la universidad. La casa está
siempre patas arriba, porque es punto de encuentro de muchos estudiantes
universitarios, y no sólo. El semestre pasado invitamos a unos cincuenta universitarios
para celebrar una fiesta de fin de curso con cantos y bailes al son de bongos, cuatro,
maracas y güiro, instrumentos típicos del pueblo portorriqueño. Muchos
aceptaron la propuesta, un poco sui generis. Roberto, uno de mis estudiantes, me
dijo:Pero, ¿cómo es posible?, ¿un profesor que invita a su casa a los alumnos?
¡Qué fuerte! ¿Puedo llevarme la guitarra?. Un interés por la vida, y no
por una forma dice Wadi, uno de los primeros estudiantes que conocieron a Giuseppe
durante una lección de filosofía. Desde el inicio, Wadi no ha tenido dudas: Lo que
he encontrado es para mí y para el mundo. Después de poquísimo tiempo también su
familia conoció a CL, tanto que Emérito, el padre, decía: La experiencia del
movimiento hace posible que renazca una experiencia cristiana auténtica en Puerto
Rico.
Susan conoció el movimiento hace dos años en una clase de Giuseppe.
Al escucharle - cuenta - percibía en él una pasión por todos los aspectos de la
vida. Me entraba la curiosidad de saber qué había detrás de ese hombre. Después
de unos días - a pesar de sus compromisos: trabajo, estudiante y madre de tres hijos -,
aceptó ir a la escuela de comunidad. Desde entonces empezó un camino nuevo en su vida y
dio el paso de recibir el sacramento de la confirmación. Carlos y Gloridella también se
han confirmado, mientras que Sulema, de formación protestante, hizo su primera comunión
y se confirmó después de acudir durante dos años a escuela de comunidad, madurando la
decisión de adherirse a la fe católica en una escucha atenta y silenciosa. En una de las
últimas reuniones pasó algo excepcional: ocho personas participaron por primera vez.
Leímos la primera parte del capítulo quinto de El Sentido Religioso, un pasaje
del Calígula de Albert Camus y, como colofón, cantamos Y nada más, una
canción del cantautor cubano Silvio Rodríguez. José, uno de los chicos que venían por
primera vez, tras haber interpretado con desenvoltura a Calígula, dijo: ¡Qué
bonito! También cuando vuelvo a casa y miro el lago Portugués, me planteo ciertas
preguntas; contemplando las estrellas y la luna en el cielo, pienso: todo esto
¿está aquí para mí?. Si este espectáculo se abre ante mis ojos y sólo yo lo
estoy viendo aquí, en este momento, entonces ¡es para mí! Vamos, es como si fuera el
dueño. Al acabar la escuela me acribilló a preguntas: Escucha, ¿por qué
tú, que eres italiano, estás aquí en Puerto Rico?. Y yo: José, he venido
porque unos amigos me lo pidieron. Replica él: Vale, pero ¿por qué?.
Un tanto cortado le contesté: Por lo mismo por lo que tú estás aquí ahora:
porque es una exigencia originaria encontrar una respuesta a la inmensidad y belleza del
cielo estrellado. La respuesta a la vida se encuentra sólo en una compañía que busca la
verdad. Esta compañía para mí ahora está en Puerto Rico.
¿Cuándo
volvéis?
Hace algún tiempo el rector del Seminario
Regional de Ponce, monseñor Jesús Díez, telefoneó a Giuseppe: Oíd, ¿por qué
no os venís a cenar con nosotros una noche de éstas?. Aceptamos la invitación.
Cenamos en una media hora y después nos instalamos en una salita acogedora, en la que nos
apretábamos una veintena de personas. El Padre Jesús nos dijo: Bueno, estamos
aquí para escuchar vuestra historia, porque me interesa que estos chicos puedan conocer
lo que el Espíritu suscita en la historia de la Iglesia. Contamos la historia del
movimiento a través de nuestra experiencia. Al final nos bombardearon a preguntas.
¿Cómo se puede vivir siempre con estupor lo que la vida nos reserva?;
¿qué hay que hacer para seguir este método?; ¿qué es el
Meeting?. Tratamos de responder, pero nada qué hacer; todo intento de respuesta
abría otras ventanas, otras preguntas. Al final, les enseñamos la revista Huellas,
y ¡descubrimos que los chicos ya conocían y leían nuestra revista! Tratamos de cerrar
la reunión (ya llevábamos tres horas), pero aún faltaba la última pregunta:
¿Cuándo volvéis?.
El primer beato
Para terminar, la comunidad de Puerto Rico
ha promovido un encuentro público por la inminente beatificación de Charlie Rodríguez,
el primer beato de Puerto Rico. Charlie, nacido en 1918, el segundo de cinco hijos, se
dedicó totalmente a la Iglesia como laico. Vivió en un silencio heroico la enfermedad
crónica que le asaltó cuando tenía trece años y que culminó con un cáncer en 1963.
Intervinieron en el acto el padre Mario Mesa, postulador de la causa,
padre capuchino y párroco, que desde hace más de un año sigue la Escuela de Comunidad
de San Juan, y el doctor Norman Maldonado, Presidente de la Universidad Estatal de Puerto
Rico, que fue el médico que certificó la curación inexplicable reconocida como milagro.
Ésta ha sido una ocasión interesante para comprender mejor las palabras de don Giussani
en el libro Lattrattiva Gesù: La devoción a los santos tiene un
significado especial por el hecho de que ellos son contemporáneos: nos reclaman a que el
misterio de Cristo está presente ante nosotros.
Una presencia que no
tiene fin
Lo que aconteció tiene el timbre
inconfundible de lo imprevisible que se hace evidencia a nuestros ojos. Al invitar a
alguien a participar de esta amistad descubro, en un instante, que el corazón del otro
está hecho como el mío: de la misma sed de felicidad. Me doy cuenta entonces que la
posición más adecuada frente a este sí conmovido de mucha gente hacia esta amistad
puede ser sólo el estupor. No como un esfuerzo o algo que hacer, sino una mirada
asombrada por la obra Suya. Como nos dijo Padre Giussani hace poco tiempo a nuestra casa:
No se midan por los resultados de lo que hacen, mídanse por el amor a Cristo,
renovado todas la mañanas en el Angelus
Habría aún mucho más que contar de nuestra vida en la Isla del
Caribe porque una Presencia que no tiene fin, milagrosamente sigue llamando a Sí gente de
todas las edades y de todos los lugares. Lo que pasó hace 2000 años continúa
aconteciendo acontecer. Lo imposible también en la Isla del Encanto: Puerto Rico!
Alfonso Moser
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