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DISCURSO
DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LA LIV ASAMBLEA GENERAL DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA
30 de mayo de 2005
...los jóvenes, como afirmó repetidamente Juan Pablo II, ellos son
la esperanza de la Iglesia; pero en el mundo de hoy también están
particularmente expuestos al peligro de ser "llevados a la deriva y
zarandeados por cualquier viento de doctrina" (Ef 4, 14).
Por
consiguiente, necesitan ayuda para crecer y madurar en la fe: este
es el primer servicio que deben recibir de la Iglesia, y
especialmente de nosotros, los obispos, y de nuestros sacerdotes.
Sabemos bien que muchos de ellos no están en condiciones de
comprender y de aceptar inmediatamente toda la enseñanza de la
Iglesia, pero, precisamente por eso, es importante despertar en
ellos la intención de creer con la Iglesia, la confianza en que esta
Iglesia, animada y guiada por el Espíritu, es el verdadero sujeto de
la fe, insertándonos en el cual entramos y participamos en la
comunión de la fe.
Incluso si personalmente uno no entiende todo, entra en comunión con
la Iglesia, quiere creer con la Iglesia, así camina con la Iglesia,
con el mismo Señor.
Para que esto se pueda realizar, los jóvenes deben sentirse amados
por la Iglesia, amados concretamente por nosotros, obispos y
sacerdotes. Así, podrán experimentar en la Iglesia la amistad y el
amor que el Señor siente por ellos, comprenderán que en Cristo la
verdad coincide con el amor y, a su vez, aprenderán a amar al Señor
y a tener confianza en su cuerpo, que es la Iglesia. Queridos
hermanos obispos italianos, este es hoy el punto central del gran
desafío de la transmisión de la fe a las generaciones jóvenes.
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