Minneapolis, Minnesota, la
tierra de los diez mil lagos, Hyatt Regency Hotel. Allí se han reunido
este año, del 16 al 19 de enero, unos trescientos cincuenta
responsables de lo que llamamos "National Diaconia", para hablar del
milagro expresado con tanta fuerza por la frase de Vittorino, título
de la Diaconía de este año: «Cuando encontré a Cristo, me descubrí
hombre».
Jueves
¡ Llega el Clu! No esperábamos a tantas
personas para esta cita de Minneapolis. La vida de los universitarios
no es sencilla. Cuando no tienen clase, tienen que trabajar porque la
universidad cuesta mucho y con bastante frecuencia estos jóvenes se
tienen que mantener. Impresiona ver a una treintena de responsables
provenientes de lugares como Kansas, Missouri, Kentucky, Ohio e
Indiana.
Viernes
Llegan de casi todos los Estados: lo
más divertido es «descubrir una cara detrás de la dirección de
e-mail». También los contactos llevados a cabo durante meses a través
del correo electrónico y del teléfono por la “National Diaconia” lleva
al descubrimiento de una nueva humanidad. Entran en la gran sala del
hotel acompañados por la música de Mozart y Schubert. En la gran
pantalla se suceden imágenes del rostro de Cristo. Y después del
rostro de Jesús, algunos breves mensajes de nuevos amigos, de nuevas,
minúsculas e inimaginables comunidades nacidas este año: Thomas y
Jacintha de Alaska, Chris de Sioux Falls en Dakota del Sur, Patrick de
Nueva Orleans y muchos otros, más de veinte nuevos puntos que añadir
al inmenso mapa de Estados Unidos. Cien lugares en total en los que «Jesús
manifiesta quién es a través de nosotros», como ha dicho don Giussani
en el saludo final que nos ha enviado. Jonathan toma la palabra. «Percibo
en todos vosotros una humanidad que crece, la experiencia de la
terrible vulnerabilidad de la vida y del hecho de que para todo esto
hay una respuesta, que estás acompañado».
Monseñor Lorenzo Albacete describe cómo esta novedad nos hace "uno" en
la relación con la materialidad de las cosas, en el afecto, en el
trabajo, en la vida social y en la historia. «Es necesario ser fieles
a este Acontecimiento, a este método tal y como nos ha llegado, ser
conscientes de cómo nos ha alcanzado y salvado, permanecer en esta
vida juntos con todo lo que esto implica».
Sábado
La jornada se abre con la misa
celebrada por monseñor Richard E. Pates, obispo auxiliar de
Minneapolis. La Iglesia nos abraza inmediatamente y ahora nos toca a
nosotros, tenemos la asamblea y muchos se ponen en fila para
intervenir. Giorgio Vittadini insiste preguntando a todos los que
intervienen: «¿Qué relación existe entre mi humanidad y la inmensidad
de nuestro deseo? ¿Y entre el deseo y la realidad? ¿Por qué en el
trabajo no hay espacio para todo lo que yo soy? ¿Cuál es el límite a
mi deseo? ¿Cuál es la diferencia entre ser sencillos y simplificar?».
«Hay alguien –continúa Giorgio– que ama nuestro deseo más que nosotros
mismos. ¿Qué me pide Jesús para poder responder a mi deseo?».
El sábado por la noche en el estrado, Paolo Carrozza, Lorenzo Albacete
y David Forte, que ha aceptado nuestra invitación para pasar estos
días con nosotros. ¿Qué hacemos? Nos proponemos abrir una puerta: el
primer intento en nuestra joven historia americana de juzgar la
sociedad, la política y la economía.
Domingo
Se comienza con otro abrazo de la
Iglesia. Monseñor Bernard J. Harrington, obispo de Winona, celebra la
misa. Hoy muchos verán por primera vez a don Giussani en un vídeo de
marzo del 86, grabado en Nueva York, «Cristo, todo lo que tenemos» (Cf.
Huellas, febrero de 2002). Tres breves testimonios (Greg, un
universitario, el padre Rich, un sacerdote y Marcie, una madre de
familia) y los cantos nacidos de la historia del movimiento aquí en
Estados Unidos que introducen el vídeo. La sala se llena y aparece ese
hombre a través del cual el Señor misteriosamente ha decidido ponernos
juntos. Le vemos en los locales de la iglesia de San Patrick, ciudad
de Nueva York, entregarse completamente a un pequeño grupo de personas
que acababa de conocer.
« Había leído su intervención en el Traces por lo menos diez veces –me
dice Henry al final de la proyección–, pero "verlo directamente"...».
A Julián Carrón le corresponde la tarea de sintetizar todo lo que ha
sucedido. Lo que ha sucedido, porque nuestro método es el de comenzar
por la experiencia. Lo que nos anima es la certeza de Cristo, la
certeza de su presencia, el reconocimiento de que Él y sólo Él es el
protagonista de nuestro cambio. María es el método porque «la
modalidad concreta con la que Él ha entrado en el mundo no pasará
jamás», y esta indestructible compañía se nos ha regalado para que
nuestra felicidad pueda ser plena, para asegurarnos nuestra felicidad.
Por eso vale la pena seguir al Misterio presente en nuestra compañía.
De esta manera, la gran y profunda religiosidad del pueblo americano
podrá florecer en una vida nueva, en vez de vaciarse a medida que se
empobrece el deseo de felicidad.
Es un gran desafío y una gran promesa. ¡Segura! «Let's not be afraid!»,
no debemos tener miedo, concluye Julián.
Don Pino presenta la Escuela de comunidad. «Tenemos la esperanza del
mundo aunque el mundo no lo sabe. Esto es la Escuela de comunidad, y
es un diálogo para aprender a vivir, para aprender lo que significa el
trabajo, lo que significa ser responsables de la vida de este país y
del mundo».
Vittadini acaba por la tarde proponiendo las diferentes formas de vida
de la comunidad.
Lunes
Es la mañana final y también el día en
el que viene a visitarnos monseñor Sean O'Malley, arzobispo de Boston,
tal vez la diócesis más atribulada de Estados Unidos.
También están presentes los medios de comunicación y algunas personas
de Minnesota que no quieren perderse la ocasión de conocerlo. La sala
está a rebosar. Después de la celebración de la misa, presentado por
el hermano Louis De Thomasis, presidente de la St. Mary's University
de Winona y acompañado por Lorenzo Albacete, el arzobispo nos comunica
la certeza de su fe, su amor por la Virgen. «Cuando Dios llama a la
puerta de la humanidad del hombre, María responde "sí", dándole a Dios
permiso para entrar en la historia». De esta manera responde, con su
testimonio, a la pregunta: «¿por qué la Iglesia?», tema del encuentro.
Es hora de marcharse. Con la certeza de haber sido llamados a formar
parte de esta indestructible compañía.